Contraeditorial

La tragedia que no debió ser

Adrián "Córdoba" Cherasco (izquierda), el militante que perdió la vida frente al domicilio de Cristinan Fernández de Kirchner.

Ayer por la mañana el chirrido de un freno, el ruido seco de un impacto y gritos entran por los balcones de San José 1111.

Un choque, dije, y veo que Diego sale corriendo escaleras abajo. Me asomo a uno de los ventanales y veo un taxi incrustado contra la persiana del bar de enfrente y un hombre que grita con desesperación, intentando manipular el volante del auto para sacarlo de la vereda y bajarlo a la calle.

Cuando lo logra se puede ver una persona de espaldas que está absolutamente inmóvil. Lo veo a Diego en la calle a los gritos pidiendo una ambulancia. La calle se llenó de patrulleros hasta que, finalmente, llegó primero un médico en una moto y más tarde el resto del personal de salud.

Hoy me contaron que el cuerpo inmóvil para siempre era el de Adrián Cherasco. Me dijeron que tenía 39 años y que siempre venía desde su provincia, Córdoba, para hacer vigilias mirando mi balcón. Supe que había terminado hacía muy poco el secundario y que los militantes le habían puesto de apodo “Córdoba”.

Me cuesta mucho escribir estas líneas, me enoja mucho que el amor y el agradecimiento tengan tanta mala suerte. ¿Será un signo de la época que nos toca vivir?

En tiempos de algunas ingratitudes y olvidos convenientes, gracias Adrián “Córdoba” por estos meses de acompañamiento y vigilia en San José 1111.

Estoy segura que Dios y la Virgen te tienen a su lado y que podrás descansar en paz.

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