La cultura milenaria de Japón tenía a la hidalga figura del samurái, que tanto significaba para esa sociedad. Eran guerreros de élite, los mejores. Portaban un código de ética y un adiestramiento y educación muy especiales. Sólidos principios rectores regían sus vidas en la de la comunidad a la que servían con un altísimo sentido del honor.
Las artes eran parte central de la formación de estos guerreros, que entrenaban tanto la destreza física como la espiritual y la cultural, esa era su formación principal.
El momento de desenvainar su espada era el momento último, el cúlmine, aquel que debía demostrar todo lo aprendido acerca de la justicia, el arte y la valentía. Hacerla mover, implicaba todos esos conocimientos previos transmitidos a su acero.
Como se verá, todo proceso virtuoso tiene detrás una educación y una ética que llevan a generar actos que puedan tener armonía, plasticidad, belleza y justicia, en su último movimiento, el de la decisión.
Toda formación tiene tras de sí un aprendizaje con distintos niveles de virtuosismo. Sabemos de la academia plebeya del potrero para el fútbol, que establece sus códigos y habilidades, forjados en interminables preparaciones, adversidades del terreno de juego, los límites de una cancha incierta respetados por todos, el traslado del balón sobre una superficie de obstáculos, y el compartir códigos y criterios que quedan para toda la vida. En un pase gol, una gambeta, una definición o un quite, se verá cómo se expresa la formación previa.

Por eso ha sido difícil aceptar la aparición de ese hombre empelucado, de risa nerviosa y con pose de asesino de película clase B, motosierra en mano.
Una herramienta para derribar árboles se transforma en un arma temible. El súmmum del terror no es un arma de devastación masiva ni de uso convencional, sino una que representa la máxima escala del dolor en nuestra vida cotidiana. Lo más parecido a una película de Fredy Kruger.
La motosierra también parece haber sido el último paso de la formación de nuestro presidente, quien la desenvainó después de formarse en colegios confesionales, la Universidad de Belgrano y sin acumular ninguna trayectoria académica de seriedad.
La escuela anarco libertaria es formación por fuera de los claustros reconocidos: además de una teoría económica, que, como demuestra día a día, es inaplicable. Ellos se legitiman por fuera; han fracasado cada vez que tuvieron que concursar una cátedra con otros pares en terreno neutral.
Sus cátedras de economía, aún en la facultad de derecho y no de economía, casualmente, se sostienen por dos razones, primero porque los alumnos la toman como una materia para zafar. Segundo, se dictan más cerca de ideas acerca del derecho, es decir del códice legal a imponer, que, de la distribución y administración de la escasez y el desarrollo, que es la visión económica, social y política de la economía.
Blandir la motosierra cual poronga por los aires, como macho felón desde la caja de una 4×4, regalar una toda plateada con un ¡Viva la libertad, carajo! grabado en su hoja, a Elon Musk. Es una acción que nos recuerda a esas pistolas plateadas de cachas de marfil que utilizan los millonarios como regalos en el oeste norteamericano.
Tal vez por allí vaya la educación de esta gente y su modelación cerebral y actitudinal, que encajan perfecto con el Far West, donde la ley no lograba imponerse y la mano propia hacía cumplir las supuestas leyes del mercado. Así se generaba y se genera un sentido común.
Obrando con una actitud anti institucional se desprestigia o se deja de lado toda tradición. Y ese es un fin intencional, que no se critica desde las tribunas de doctrina: se les deja hacer.
Sin principios rectores eficaces, sin norma jurídica ni norma social, la ley no se presenta como un valor simbólico capaz de estructurar nuestras experiencias, precisamente porque no hay justicia. Hay servicios de justicia, que no es lo mismo que Justicia.
Se estandarizan todas las formas de amañar las ideas de justicia, como las de la Corte Penal Internacional (CPI), por crímenes de guerra y lesa humanidad, que obliga a los 124 países miembros a la detención del presidente de Israel al pisar sus suelos. ¿Alguien lo cumplirá?
Otros ejemplos pueden ser los ataques que recibe Venezuela, donde se destruye con la precisión de un cirujano a una humilde chalupa que supuestamente está en acción beligerante contra los Estados Unidos. El país de la libertad donde todos los días misteriosamente aterrizan aviones para drogar a su población. Un ejemplo claro de la libertad de comercio.
Se sofistican y perfeccionan, nuevas formas de mentira, superando a las de las armas químicas que supuestamente tenía Irak. Los fundamentos de estas nuevas configuraciones (i)legales se deshacen ante nuestros ojos.
Ojos que ven lo que se acostumbran a ver, pero también lo que anhelan. Y lo que vemos es un sistema de mentiras organizadas de manera tan inteligente y elaboradas al fuego lento del crecimiento tecnológico, puesto al servicio del dominio del hombre. Muchos anhelamos otra vida y otras formas de vivir, donde la tecnología sea parte de nuestra superación. Pero la superación del conocimiento está siendo dirigida, a otras leyes aún no paridas, que dejan este interregno de calle desolada en el Far West, donde todo vale, pues lo viejo no puede constituirse en autoridad. Por el derribo al que nos llevan estos tecno-feudales, y sus mezquinos anhelos de concreción, de volver a que el hombre sea el lobo del lobo del hombre. Esto de moderno no tiene nada, mismas caras de bragueta, mismas reformas, mismos prejuicios, y la idea de ese país ideal que el informe Bialet Massé* les destrozó en la cara. Sería interesante, para hacer una reforma laboral, convocar a un informe como este y ver qué arroja acerca de la vida de los trabajadores hoy en nuestro país.
Se trata de degradar y destruir para instalar la dominación más cerca a responderle al amo, sin chistar, a bajar la mirada ante el poder.
Por eso deseamos justicia, algo que en la Argentina es un bien escaso. Justicia para tener una cohesión humana en la vida, para poder establecer las soluciones de nuestras controversias. Pero justicia con mayúsculas, para que alguna vez paguen los que las hacen, como le gusta decir a una senadora electa. ¿Cómo puede ser que esté presa la persona que dejó al país con cero deudas, y diez años después debamos 55 mil millones de dólares? ¿Quién responde por eso? ¿Quién se hace cargo? ¿Quién va en cana? Hoy nuestro ministro de Economía festeja haber vuelto al mercado de capitales —es decir, a endeudarnos— cuando fue él quien nos llevó a esa panacea la última vez y nos dejó engrapados durante el gobierno de Macri. Además, proclama su admiración y norte por el modelo peruano, que hace 19 años que tiene atornillado al presidente del Banco Central, en un país en el cual en ese período pasaron 10 presidentes, y que tiene una informalidad laboral del 70%. Una obra que expresa como pocas los sueños húmedos de los JP Morgan boys.
¡Es la política, estúpidos!
A su regreso en 1972, Perón no enfrentaba causas judiciales directas que le impidieran volver, sino la proscripción política tras el golpe de 1955 y el contexto de una dictadura militar que intentaba controlar su retorno. Todo se resolvió mediante una negociación política clandestina con el gobierno de Lanusse y una masiva movilización popular que forzó la habilitación de su vuelta, resolviéndose toda situación legal mediante la reapertura democrática y su elección como presidente en 1973. La causa fundamental era política, no penal.
Fueron dieciocho años de maceración política, con distintos grados de templanza, los que forjaron sabiduría para el rescate del líder. Dieciocho años donde se acuñó un aprendizaje para poder lograr esa repatriación.
No cabe duda de que todo el andamiaje jurídico endeble que nos encorseta se desarma como pompas de jabón.
Armar una trama en el tiempo donde se entremezclaron los servicios de justicia —que rige una Corte Suprema donde dos de sus miembros fueron nombrados por decreto — solo es posible en un mundo que fue generando una nueva conformación del vacío de justicia, para llenarlo con un entramado plácido de tecnologías invasivas que leen y extraen nuestros gustos de manera extractiva. Cada uno de nosotros es una mina de datos invaluable para establecer este sinsentido y el avasallamiento de los más fuertes sobre los más débiles.
Cristina es inocente porque las obras objeto del juicio en la causa Cuadernos ya fueron juzgadas e investigadas, y la causa cerró por inexistencia de delito. Pero se sigue porfiando, y solo vemos que nunca se presentó una sola prueba contra ella. Se la acusa desde el deseo de venganza, porque ella nunca podría haber cometido un delito siendo presidenta, pues estos ocurrieron en la órbita provincial. Los héroes de la libertad y paladines de la justicia, sobados por Clarín y La Nación, la condenan violando sus derechos y garantías.
Y quedó más que clara la relación de esos jueces con Macri y el Grupo Clarín: gente entrenada en la asidua visita a Olivos, donde solo practicaban deportes como tenis, pádel o fútbol con el expresidente.
No hay nada: es un sistema judicial destinado a operar en el instante, que no está destinado a durar sino a obtener la mayor eficacia en el momento actual.
Es una justicia que no va a dejar un camino jurídico de bienaventuranza sino uno de espinas.
Han generado un gran desorden y una confusión extrema, donde se trabaja para el reconocimiento mutuo entre los miembros del poder y el reconocimiento del poder hacia sus miembros.
Solo basta ver cómo se auto premian y enaltecen con falsos reconocimientos sin mérito, pero con mucha amplificación mediática y moñito, afuera y aquí bajo lúgubres escenarios.
Deben generar, de esa forma, suministros ad hoc que los legitimen. Es fuerte proscribir a alguien y saben que eso no va a perdurar.
Por eso el flujo que establecen tecnología y medios de comunicación concentrados tiene como base la fluidez necesaria para hacer vertiginoso cualquier ascenso o descenso, naturalizando rápidamente cualquier interpretación banal de la justicia.
Para estos grupos —tanto a nivel global, como los tecno-feudales; o a nivel local, como Clarín y compañía— en tiempos de alteración nada es eficaz si no fluye en forma paralela a lo instituido. Todo es para-institucional, y su eficacia está dada por el vértigo que configuran sus estímulos, provocaciones, causas y tendencias.
Así seguirán limando la justicia, la economía y el Congreso de la Nación. El objetivo es que se transformen en un estorbo.
Todo lo bueno que hicimos hace diez años lo hicimos institucionalmente; es menester que no funcione más para que esto no se repita. Ese es el correlato institucional de la prisión de Cristina, Milagro y Julio.
Nada es sustancial, nada es esencial, nada es nada, para hacer y actuar siempre sobre un supuesto que, a fuerza de reiteraciones, se llamará verdad.
La modernización de Japón arrasó con los samuráis, pero su cultura siguió su marcha. Su arte continuó vivo en el pueblo japonés y muchos se hicieron comerciantes. Es notable que las grandes empresas del capitalismo japonés —aquellas que conocemos especialmente por sus motos— tengan origen en familias samuráis y que sus manuales de procedimientos internos sean códigos de ética devenidos de aquellos tiempos.
La historia nos enfrenta, provoca sus síntesis y logra ciertos estándares en los que hay acuerdos reales y tácitos. Eso hace que se encabalguen viejas sabidurías y enseñanzas. Desgraciadamente, en nuestra querida Argentina hay que volver a andar camino cada tanto, porque no se quiere escribir ni enseñar la historia completa ni permitir que se vote lo que una importante mayoría piensa. Aquí se ha utilizado la violencia, el destierro, el exilio, los fusilamientos, las torturas y las proscripciones, y siempre fue para el mismo lado de la sociedad que se inclinó la cancha.
No hay forma de restituir la justicia sino haciéndola creíble. Eso fue lo que hizo Néstor Kirchner, conformando una Corte destacada.
Así como el sable samurái y sus dibujos en el aire de la batalla denotaban sabiduría y justicia, la motosierra marca el estado anormal de criminalidad en el que vivimos.
Si Cristina sigue presa y proscripta, estamos en peligro institucional y personal. No es muy difícil de entender si estamos atentos y sabemos observar cómo avanzan “las fuerzas de ese cielo”. Por eso, la tarea de la hora, si queremos un símbolo de unidad y síntesis ante este gobierno, es:
¡Cristina libre!
*El informe Bialet Massé (1904) fue un estudio encargado por el gobierno argentino que reveló las duras condiciones laborales en el interior del país, exponiendo la explotación a pesar del crecimiento económico. Detalló jornadas extenuantes, salarios bajos y condiciones insalubres, y es considerado un precursor del derecho laboral argentino y el fundamento para el primer proyecto de código laboral. El informe documentó el trabajo de inmigrantes, criollos e indígenas y fue un paso clave para visibilizar la “cuestión social”.