Con la crueldad como motor, el presidente llama al sacrificio y promete una salvación post-diluvio. Los salieris de Alberdi que subió al barco para construir su poder.
El 10 de diciembre de 2023, Javier Milei asumió la presidencia de la Nación Argentina. Paradojas temporales, lo hizo a 40 años de la recuperación de la democracia, en el Día Internacional de los Derechos Humanos.
Cuatro décadas habían pasado desde que Ricardo Alfonsín – despreciado por el mandatario – asumía la presidencia tras ocho años de dictadura cívico militar. Ni una palabra al respecto. Ni una mención. Nada.
El autopercibido “primer presidente liberal libertario” de la historia argentina eligió recordar una festividad religiosa: Janucá.
Todo estaba allí. Lo que pasó desde entonces no solo dependió de Milei sino de la consecuencia de las combinaciones resultantes de ese universo heterogéneo que rodea al presidente en un contexto político, económico y social extremadamente complejo.
Milei no está solo, es parte de un fenómeno que lo trasciende, lo involucra y – por ahora – lo contiene.
¿Quiénes son los generales de la batalla ideológica cuya fuerza no viene del cielo sino del Norte? ¿La pandemia aceleró un proceso inevitable? ¿Qué rol cumplen y quiénes son los héroes de Milei? Esta historia no inicia en la Patria Panelista de América TV, sino que hunde sus raíces mucho tiempo atrás.
Aparte de las transformaciones políticas, sociales y económicas, hay una dimensión indispensable para analizar qué tienen en común muchos de los protagonistas de la llegada de Milei a la Casa Rosada: una forma de comunicarse, vincularse y difundir sus ideas que hizo estallar el viejo sistema de medios e impuso un ecosistema mediático digital que ya había mostrado “sus formas” y consecuencias en Estados Unidos.
La influencia de los vientos del norte que trajo la asunción de Trump en 2016 – ahora por alojarse nuevamente en la Casa Blanca – y el cambio climático de humor continental que trajeron las lluvias tropicales de Bolsonaro, se sumaron a un ecosistema mediático digital y consumos culturales que inundaron el subsuelo “digital” de una sociedad fragmentada.

Milei se convirtió en el “divulgador” de la palabra vaciada de sentido. La polarización afectiva y el “medioevo digital” hacen que la verdad sea una “cuestión de fe”. La falsa neutralidad de las redes sociales se impuso y se confunde falta de respeto con rebeldía, e irreverencia con disrupción. La intolerancia se permitió en nombre de la libertad de expresión y el cinismo se consolidó como un signo de época, al tiempo que se lo confundió con una actitud crítica ante el mundo.
La heterogeneidad de la base de votantes de Milei y la sobredosis de virtualidad que baña a las multitudes digitales, que rugen desde el ecosistema mediático digital, hace difícil descifrar quién es el “creador” o el “arquitecto”. Discutimos sobre las personas y no lo que representan sus ideas, en un tiempo donde se declama libertad pero se impone una desigualdad que genera más violencia.
Donald Trump, Jair Bolsonaro, Víktor Orban, Nayib Bukele, Santiago Abascal, Eduardo Veraustegui, José Antonio Kast son – al igual que Javier Milei – las caras de la misma moneda. Un lenguaje común. Conceptos mesiánicos. Identificación con un Occidente amenazado, la civilización y los hombres de bien que buscan destruir los diques de contención que impiden enterrar sueños bajo los residuos de la minería de datos y el extractivismo sin control. La incitación al sacrificio en pos de llegar a la tierra prometida y el rencor como motor. La centralidad nacida desde los márgenes de una militancia cuya singularidad es el caos y que, una vez en el poder, organizan cómo profundizar la polarización y la fragmentación para evitar la posibilidad de una comunidad organizada.
Argentina como el faro de “Occidente” propone Milei ante la “decadencia europea” y la amenaza de una izquierda que pretende imponer, según advierte, la agenda globalista. Una narrativa existencial que maquilla y oculta el saqueo, que pretende imponer el coloniaje. Drenar las venas subterráneas de América Latina al tiempo que el “gran líder” encabeza una “cruzada” en defensa de los valores tradicionales y conservadores, en lo que llaman una “batalla cultural”.
¿Cómo abordamos el fenómeno? ¿Cómo dialogamos con quienes proponen “destruir”, “eliminar”, “aniquilar”, “domar”, “someter” o “mear” a quien piensa diferente? ¿Cómo convivimos con la barbarie que pretende imponer civilización? ¿Cómo comprender que se trata de un movimiento que cambia de rostros pero comparte un mismo viejo objetivo? Al igual que la “Fusiladora” en el ’55, llegaron al poder para que “el hijo del barrendero muera barrendero”.
El Arca de Milei ¿Cómo y con quién construyó su poder?, de ediciones Futurock, se trata de todo eso (y algunas cosas más). No es una biografía del presidente electo, ni pretende serlo. Tampoco pretende explicar la relación que establece con su hermana y sus mascotas. Viene sí a discutir con la idea de que la rebeldía se volvió de derecha y el reduccionismo perezoso de afirmar que la llegada de Milei es producto de que ha concluido la ilusión progresista.
La historia argentina – un territorio siempre en disputa – tiene sobrados ejemplos de tensiones que han querido explicarse con afirmaciones temerarias y sentencias que hoy podríamos considerar propias del clickbait.
El Arca de Milei nos invita a sumergirnos en un viaje que incluye descubrir “nuevos mundos” que ya estaban habitados, pero se nos presentan como novedosos por el maquillaje propio del tiempo histórico. La variable X y el capitalismo de plataformas son parte fundamental en esta trama. Se trata de una invitación a sumergirnos en las complejas aguas del presente que esconden pasado para negarnos futuro.
El ingreso de Javier Milei al Congreso y su posterior llegada a la Casa Rosada en 2023 no pueden entenderse sin tener en cuenta tres shocks previos: regreso del FMI, la pandemia y el atentado contra Cristina Fernández de Kirchner. Estos fenómenos cambiaron el contexto económico, el orden político y el clima social en la Argentina.
El presidente irrumpe en la política de un país en transformación como algo nuevo que debe ser comprendido en su singularidad local, pero enmarcado en un contexto más amplio: las expresiones de la “nueva derecha” global.
El libro busca generar una cartografía que nos ayude mapear el movimiento económico, social, cultural y político que termina en el triunfo de Milei en noviembre del 2023.
La implosión de los medios tradicionales y el surgimiento de un ecosistema mediático digital que se impuso en un tiempo récord debe ser abordado con mucha atención; no hubiera sido posible sin la complicidad de aquellos que desde los medios y la política corrieron los límites de lo decible a tal punto que solo se derramó violencia. El medioevo digital se impone dificultando consensos de verdad y hace casi imposible lograr la síntesis necesaria para vivir en comunidades democráticas.
Los valores y la moral se disputan disfrazados de batalla cultural: Dios, la familia, la educación, la inmigración, las cuestiones de género. Formas de pensar el mundo. Cosmovisiones. Se están disputando conceptos existenciales a nivel global y no somos ajenos a ello.
Milei también es consecuencia de un tiempo desgarrador, desigual, recién salido de una pandemia que nos enfrentó a la posibilidad de la muerte a nivel planetario y de la cual no salimos mejores. Crisis climática, tensiones étnicas, conflictos bélicos y mayor desigualdad económica a nivel planetario.
Milei representa la tendencia de algo a lo que deberíamos haber frenado hace mucho tiempo. Argentina no volverá a ser la misma después de su paso por la presidencia, como no lo es Brasil después de Bolsonaro, ni Estados Unidos tras la toma del Capitolio fomentada por Trump. Algo se rompe con su llegada.
Cuando deje la Casa Rosada, habrá un día después dónde mucho deberá ser reparado y donde deberemos convivir con quienes hoy nos desean abiertamente la muerte, la guillotina, el exterminio o, en el mejor de los casos, el destierro.
¿Vamos hacia la Tierra prometida -como afirma el presidente- o navegamos hacia el pasado?
Esta pregunta aparece en uno de los capítulos de la quinta parte del libro: Principio de revelación. Una posible respuesta surge de esas páginas:
En la tradición de la fe judeocristiana hay dos historias muy conocidas en las que aparece un arca: la de Noé y el diluvio, y la del arca de la alianza en tiempos de Moisés.
Una, seguramente conocida por Javier Milei es la del Arca de la Alianza. Un cofre sagrado que contenía las tablas de piedra con los Diez Mandamientos que Jehová entregó a Moisés en el monte Sinaí. El cofre estuvo custodiado en el Templo de Jerusalén, donde también se encontraba el candelabro de los siete brazos.
La otra remite a la historia donde se narra que, advertido por Dios sobre la proximidad del diluvio como castigo por los pecados de la humanidad, Noé construyó un barco que le permitiera sobrevivir y le encomendó la tarea de llevar en él a todas las especies. Había que sobrevivir.
Milei se ha subido al Arca, prometiendo que luego del diluvio (o el desierto) llegaremos a una Tierra Prometida.
Varias especies distintas fueron ingresando al barco, por distintos motivos.
Conservadores. Patriotas. Liberales, libertarios, paleolibertarios. Anarcocapitalistas. Herederos y salieris de Alberdi. Militantes provida. Cuentapropistas, unicornios, corredores, financistas, traders. Jóvenes menemistas militando en la Di Tella. Halcones, palomas, buitres y cóndores. Serpientes cascabel, leones, lobos y corderos. Bisontes y toros. Panelistas. Actrices. Twiteros. Streamers. Antivacunas. Conspiradores. Youtubers. Influencers. Referentes de la derecha continental y europea. Intelectuales y economistas. Tecnoutópicos.
Ya navegan. Guiados por momentos por la brújula de los algoritmos, otras por las tablas del DNU 70/23 y la Ley Bases.
Resta saber si las diferentes especies que habitan el Arca podrán convivir hasta llegar a destino. Y si ese destino les pertenecerá o ya habrá sido colonizado.
*Esta nota fue publicada en el número 56 de la revista Contraeditorial.