Contraeditorial

Después de un año de gobierno de LLA: ¿nada nuevo bajo el sol? 

La sociedad argentina se encuentra desde hace poco más de un año en una situación que mucho/as pretenden señalar como inédita: “lo nuevo en política”, la llegada de un “outsider” como presidente, una estética y una épica “nueva”, un fenómeno político nuevo, o una “anomalía” política nueva .

Ya sea en modo laudatorio o crítico, la experiencia política que se votó en 2023 y gobierna desde hace un año ha sido permanentemente catalogada como algo “nuevo”.

Quisiéramos señalar que, mas allá de los aspectos superficiales y tenebrosos – como la utilización de un lenguaje cada vez más violento y brutal, o el uso simbólico de elementos como una motosierra – quizás no haya tanta novedad en la actual administración del Estado y su relación histórica con los grupos de poder hegemónicos.

Mas bien podríamos decir lo contrario: este año de gobierno “libertario” ha estado signado por el reacomodamiento de expresiones políticas, áreas de interés económicas y modalidades ideológicas de carácter tradicional en la política de nuestro país.

Comencemos por los apoyos políticos de la LLA: es por todos sabido que en las elecciones de 2023 para diputados y en particular senadores, el partido que hoy gobierna obtuvo una magra cosecha. Visto desde una perspectiva numérica estricta, el presidente de la república tiene minoría en ambas Cámaras y, sin embargo, ha podido aprobar leyes de envergadura constitucional aún con esa fuerte restricción.

Esta situación sólo se explica por el apoyo y los votos en ambas cámaras de partidos políticos o sus miembros de carácter bien tradicional: el PRO claramente, pero también  buena parte de la UCR y sectores de la ortodoxia y/o la derecha peronista. ¿Qué hay de nuevo aquí? Nada. Es la vieja, muy vieja política, acomodándose a un nuevo gobierno ya sea por interés económico, por obediencia con sus gobernadores, por temor a represalias del ejecutivo o, simplemente, por oscuros beneficios personales.

En el caso específico del PRO, buena parte de sus miembros forman parte de la gestión de LLA: baste decir que dos áreas claves como Economía y Seguridad están en manos de conspicuos miembros del PRO.

Analicemos la composición ideológica de los miembros del gobierno y de sus apoyos por fuera del mismo: la vicepresidenta expresa categóricamente la perspectiva ideológica de las Fuerzas Armadas como factores de poder y, en especial, en la búsqueda reivindicatoria frente a las condenas judiciales de los genocidas por delitos de Lesa Humanidad. ¿Nueva expresión política? En 1924 Leopoldo Lugones anunció “la hora de le espada” y los golpes de 1930, 1955, 1962, 1966 y 1976 escribieron buena parte de la historia del siglo XX (sin contar los alzamientos carapintadas).

Otra vertiente ideológica que apoya y alimenta a LLA es la perspectiva anti-derechos. En particular la referida a los derechos y políticas de género y dentro de las mismas a los derechos de las mujeres y los colectivos LTGB+. ¿Una novedad en la política argentina? Recordemos que nuestro país, luego de cincuenta años de liberalismo, comenzó a experimentar a partir de la década de 1930 una fuerte presencia católica conservadora, que implicó un posicionamiento de amplios sectores sociales en las versiones más ortodoxas del catolicismo. Baste recordar que la Argentina ha sido uno de los últimos países de Occidente en reconocer el divorcio (con fuertes reparos y discusiones en los 80 del siglo XX), y que la legislación referida al aborto permaneció inamovible desde 1921 en adelante.

La retórica “anticomunista” del presidente Milei es, también, una posición discursivo-política típica de un mundo – y Latinoamérica en él – que ya no existe: hablar de zurdos, comunistas, socialistas tenía sentido político en el mundo bipolar de la segunda mitad del siglo XX. Hoy es un gran anacronismo. Más que algo nuevo, esto es verdaderamente “pasado”.

¿Anarco capitalismo o ultra-neoliberalismo?

Si vamos a las expresiones y definiciones económica del gobierno de la LLA, y en especial de sus funcionarios vinculados a las áreas de conducción económica, la “novedad” es prácticamente nula: el liberalismo librecambista y desindustrializador forma parte de los orígenes mismos de nuestra nación: ya lo pedía Bernardino Rivadavia en 1823 y lo reiterarían los políticos de la Generación de 1880 y los golpistas de 1930, 1955 y 1976: abrir los mercados, tomar deuda externa, bajar el “costo” laboral, reducir la presencia sindical y achicar/reducir el “gasto” estatal. En este aspecto la propuesta del actual gobierno es la menos nueva: salvo por su virulencia y la velocidad de ejecución, la política económico-estatal de Milei se corresponde con los anhelos del liberalismo autóctono de toda la vida.  

Si vamos al territorio de los actores económicos, la “antigüedad” es todavía mayor: La Sociedad Rural, La Unión Industrial Argentina, las grandes Compañías monopólicas nacionales como Techint , el grupo Bulgheroni y otros del capital nacional concentrado   (que incluyen a los conglomerados mediático-empresariales) han mostrado su beneplácito frente a las medidas económico-sociales, muchas de las cuales vienen reclamando desde los tiempos del primer peronismo.

¿Neofascismo con apoyo popular?

Fuera del ámbito de la política tradicional y de los grandes actores económico sociales, nos queda analizar la novedad de LLA en la adhesión de las clases no hegemónicas – particularmente la clase media baja y los sectores populares – : conviene abandonar aquí preconceptos esencialistas, hay amplios sectores – quizás no mayoritarios, pero sí numerosos – que ven en la figura del presidente un posicionamiento “antipolítico” y de “sentido común”. Conviene recordar que aún en la última dictadura militar segmentos de clase media y populares recibieron con beneplácito el “orden” de las FFAA y adhirieron a la retórica oficial de la época “Los argentinos somos derechos y humanos“. Las frases “algo habrán hecho” no era sólo una expresión de las clases hegemónicas para referirse a los efectos de la represión ilegal.

La lógica que cada uno debe ganarse el pan con su trabajo y que la falta del mismo –del trabajo – es una decisión individual y no “social” también forma parte de sectores importantes de los actores sociales  no hegemónicos.

Hay uno o varios componentes proto-fascistas en nuestra sociedad y allí es donde precisamente el discurso de LLA apunta en su “batalla cultural”.

¿Neocolonialismo digital?  

Si hay un aspecto novedoso en la actual administración es la vocación por facilitar el desarrollo y el despliegue de una nueva elite: la de los magnates de las nuevas tecnologías. La vocación por construir una tecnoplutocracia en donde el poder sobre las personas, sus datos, sus capacidades y posibilidades económicas, sociales y culturales están mediadas por enormes empresas globales que denominamos – erróneamente quizás – redes sociales, cuando son efectivamente empresas de un nuevo capitalismo concentrado que requiere dos cosas: el retiro del Estado de la esfera económica, social y cultural y la desregulación total y definitiva.

Así, la actual administración de gobierno implica, para los propios sectores del capitalismo monopólico tradicional y lo que llamamos “el campo” que lo apoyan vehementemente, una nueva contradicción: en la medida que el gobierno de la LLA se profundice, la verdadera conducción de la economía la irán teniendo los nuevos magnates tecnológicos de capital extranjero y se irá produciendo el repliegue del capital tradicional. La paradoja no puede ser más curiosa. Ultraneoliberalismo, conservadurismo tradicional, neofascismo elitista y neocolonialismo virtual son todas categorías que nos permiten definir este primer año de gobierno nacional. Ninguna de estas categorías han estado ausentes de los distintos momentos de nuestra corta historia como nación: la verdadera novedad es que apareció un sujeto político (Milei) que logró articular y encuadrar a los tradicionales sectores hegemónicos de nuestro país detrás de un mismo proyecto económico-político y social. ¿Cuánto tiempo durará esta amalgama que lleva a la construcción de un capitalismo de plataformas? No es posible adivinarlo, pero hasta ahora esta nueva alianza hegemónica funciona y, por el momento, el mayor riesgo para su supervivencia proviene de su propio interior en la medida en que se profundice la tensión entre capitalismo tradicional (el campo, el conglomerado monopólico industrial y minero, los “capitanes de la industria”) y el nuevo capitalismo de plataforma que busca – como todo proceso capitalista –  monopolizar la renta económica y definir y decidir  sobre las políticas de Estado.       

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