¿Qué dejó el Foro China–CELAC en su décimo aniversario? Nuevos compromisos hacia un desarrollo inclusivo, multipolar y articulado desde el Sur Global.
Cooperación Sur–Sur e impulso para un desarrollo compartido
La Cuarta Reunión Ministerial del Foro China–CELAC, celebrada el 13 de mayo de 2025 en Beijing, marcó el décimo aniversario de este mecanismo de cooperación y delineó una agenda renovada orientada al desarrollo inclusivo, el multilateralismo y la idea de una prosperidad compartida entre China y los países de América Latina y el Caribe.
En su discurso inaugural, el presidente Xi Jinping reafirmó los principios rectores de la relación: respeto mutuo basado en la soberanía, no injerencia, igualdad soberana y cooperación para el beneficio compartido, destacando la necesidad de una integración “ganar-ganar” entre los países del Sur Global. Frente a un escenario internacional fragmentado, el mandatario chino propuso consolidar una “comunidad de futuro compartido” que promueva la equidad, la justicia y el desarrollo sostenible. La cumbre incluyó acuerdos bilaterales con los presidentes Lula da Silva (Brasil), Gustavo Petro (Colombia) y Gabriel Boric (Chile), y definió una hoja de ruta concreta a través de cinco programas temáticos para profundizar la cooperación en áreas como energía limpia, conectividad digital, inteligencia artificial, seguridad global y diálogo intercultural.
Por su parte, el canciller chino, Wang Yi, destacó a este foro afirmando que es una plataforma clave para el diálogo igualitario y la cooperación mutua, resaltando el fortalecimiento de la confianza estratégica, los intercambios educativos y culturales, y la necesidad de construir una arquitectura global más equitativa desde la cooperación Sur–Sur.

Acuerdos multilaterales: un impulso al desarrollo conjunto
Durante el encuentro celebrado en Beijing, Xi presentó cinco ejes estratégicos para estructurar la cooperación futura entre China y América Latina y el Caribe: (1) fortalecimiento de la solidaridad política y la articulación multilateral; (2) promoción del desarrollo compartido a través de la integración con la Franja y la Ruta, el fomento de la economía digital, las energías limpias y la inteligencia artificial, y una línea de financiamiento por 66.000 millones de yuanes (aproximadamente 9.230 millones de dólares); (3) diálogo entre civilizaciones orientado a consolidar valores comunes como la paz, la democracia y la inclusión; (4) cooperación en seguridad global, abarcando la ciberseguridad, la lucha contra el crimen organizado y la consolidación de zonas libres de armas nucleares; y (5) acercamiento entre pueblos, mediante programas de becas, intercambios educativos y culturales, y la exención de visados. Estas propuestas reflejan el compromiso continuo de China con un modelo de desarrollo sostenible e inclusivo, centrado en la modernización de infraestructura, la innovación tecnológica, el fortalecimiento del agro y la transición energética, enmarcados en un enfoque de cooperación Sur–Sur basada en el beneficio mutuo.
En el mismo marco, se actualizó el Plan de Acción Conjunta China–CELAC 2025–2030, que establece prioridades en materia de transición ecológica, transformación digital, reducción de la pobreza y fortalecimiento institucional. Asimismo, 32 de los 33 Estados miembros de la CELAC suscribieron la Declaración de Beijing, que reafirma el carácter de la región como Zona de Paz y respalda con firmeza los principios del derecho internacional, el multilateralismo y la cooperación Sur–Sur como ejes vertebradores del desarrollo regional. Argentina fue, justamente, el único país disidente, con una delegación ignota, apenas representada por el vicecanciller, que no asistió al Plenario Ministerial ni participó en la adopción de los documentos finales.
Participación de líderes regionales y acuerdos bilaterales
El Foro China–CELAC contó con la destacada participación de los presidentes Lula da Silva, Petro y Boric, quienes mantuvieron encuentros bilaterales con Xi y suscribieron acuerdos sustantivos orientados a consolidar una agenda de cooperación estratégica.
Brasil y China firmaron 20 nuevos acuerdos y adoptaron 17 instrumentos complementarios en áreas clave como energía, infraestructura, industria verde, cooperación aeroespacial, educación y desarrollo tecnológico. Lula caracterizó la relación bilateral como “estratégica y estructural”, subrayando el compromiso de Brasil con una gobernanza internacional más equitativa, participativa e inclusiva.
Colombia, por su parte, formalizó su adhesión a la Iniciativa de la Franja y la Ruta, decisión que marca un punto de inflexión en su política exterior. El acuerdo contempla el financiamiento de proyectos vinculados a la conectividad logística, la transición energética y el desarrollo productivo en zonas prioritarias del litoral Pacífico. En su intervención, Petro valoró el rol protagónico de China en la promoción de una arquitectura global más justa y solidaria.
A su vez, Chile suscribió acuerdos dirigidos a ampliar la cooperación en los ámbitos económico, educativo y cultural, así como a fomentar la investigación conjunta en inteligencia artificial, desarrollo sostenible y comercio digital.
Como muestra de acercamiento y profundización de los vínculos con América Latina, el gobierno chino anunció la exención de visado por 30 días —a partir del 1 de junio de 2025— para ciudadanos de Brasil, Argentina, Chile, Perú y Uruguay. Esta política busca facilitar los intercambios turísticos, académicos, comerciales y culturales, fortaleciendo los lazos entre las sociedades de ambas regiones.
Otro desacierto diplomático de Argentina
En contraste con la activa participación de otros países de la región, la ausencia del presidente argentino Javier Milei fue notoria. A pesar de haber confirmado en múltiples ocasiones su presencia, finalmente Argentina fue representada por un funcionario de segunda línea como el vicecanciller, convirtiéndose en el único país de la CELAC que no firmó la Declaración de Beijing.
Este gesto fue ampliamente interpretado como una señal de distanciamiento frente a una de las principales plataformas de cooperación Sur–Sur y de construcción de alternativas al modelo de desarrollo dependiente del Norte Global. La postura del gobierno argentino, ejecutada en abierta contradicción con sus intereses estratégicos de desarrollo, refuerza su aislamiento progresivo en un contexto regional que apuesta por diversificar alianzas y fortalecer la autonomía. La decisión de desmarcarse de los consensos alcanzados con China —como ya había ocurrido en la reciente Cumbre de la CELAC en Honduras— ha suscitado críticas en ámbitos diplomáticos, académicos y productivos, tanto en Argentina como en el resto de la región.
Balance y proyección de una alianza estratégica
El décimo aniversario del Foro China–CELAC reafirmó el valor de esta plataforma como vehículo estratégico para una integración Sur–Sur más equitativa, autónoma y multilateral. Frente a un escenario internacional fragmentado y con crecientes tensiones geopolíticas, los compromisos asumidos en Beijing delinean una hoja de ruta concreta para avanzar hacia un orden global más justo y multipolar, centrado en la cooperación, el respeto mutuo y el beneficio compartido. La activa participación de los principales líderes latinoamericanos contrastó con el aislamiento diplomático de Argentina, cuya ausencia reafirma las tensiones entre su política exterior actual y las demandas locales y regionales de desarrollo soberano.
La política exterior del gobierno de Javier Milei, alineada de forma acrítica con los intereses del Norte Global y guiada por afinidades ideológicas, se ha manifestado en un rechazo sistemático a la cooperación Sur–Sur y en el desprecio hacia foros regionales clave, como quedó evidenciado en su ausencia en instancias compartidas con líderes del Sur Global, al tiempo que ha privilegiado vínculos unilaterales con los Estados Unidos bajo la presidencia de Trump. Esta orientación internacional, centrada en una subordinación sin matices a Washington, no solo deteriora los lazos con socios estratégicos de América Latina y otras regiones del Sur, sino que también socava la soberanía nacional y contradice el principio de diversificación de alianzas, esencial para cualquier estrategia de desarrollo autónomo.
El distanciamiento de plataformas como el Foro China–CELAC no responde a una racionalidad diplomática o económica, sino que se inscribe en una lógica ideológica que apunta a desmantelar los marcos de solidaridad internacional y a erosionar el entramado social construido durante décadas de integración regional. En este contexto, el gobierno argentino no ha presentado propuestas concretas de desarrollo, cooperación o inserción internacional que constituyan una alternativa viable.
*Mercedes Andrés es investigadora especialista en cooperación para el desarrollo entre China y América Latina en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA.